Turismo a destiempo: Monterrey y Guadalupe frente a una oportunidad histórica
Por.- El Viajero.
La instalación de la Mesa de Turismo 2025 en Monterrey marca un hecho relevante: por primera vez, el municipio reconoce de manera formal que el turismo debe ser una prioridad. Sin embargo, esta acción llega tarde.
Durante años, la Dirección de Turismo de Monterrey se limitó a funciones protocolarias, mientras la Secretaría de Turismo de Nuevo León y la Oficina de Convenciones y Visitantes cargaron con la responsabilidad de promover al destino, atraer congresos, convenciones y eventos de gran formato. El resultado fue un desequilibrio: una ciudad con vocación para recibir visitantes internacionales, pero sin un proyecto municipal de largo plazo.
Hoy, con la Copa Mundial de Futbol 2026 a la vuelta de la esquina, Monterrey instala una mesa que reúne a hoteleros, restauranteros, académicos y organismos especializados. El movimiento parece más una reacción a la coyuntura que una estrategia planeada.
El caso Guadalupe
Algo similar ocurre en Guadalupe. Con un estadio de clase mundial, parques recreativos de alto valor social y un territorio con capacidad para atraer inversiones hoteleras, el municipio cuenta con un potencial turístico innegable. Sin embargo, hasta ahora no existe un plan de turismo sólido que traduzca esas ventajas en resultados concretos.
El riesgo es que tanto Monterrey como Guadalupe vean en el Mundial únicamente un escaparate de seis semanas y no la oportunidad histórica para detonar un sector que puede generar derrama económica, empleo y proyección internacional de largo plazo.
La pregunta es inevitable: ¿serán estas mesas y discursos el inicio de políticas públicas serias o quedarán en esfuerzos coyunturales? El turismo no se construye de un día para otro. Demanda inversión en infraestructura, planeación urbana, seguridad, promoción y visión de largo plazo.
El Mundial ofrece una plataforma irrepetible, pero Monterrey y Guadalupe deben entender que no se trata solo de futbol, sino de sembrar una estrategia que trascienda. Ahí está la verdadera mina de oro: convertir el potencial en resultados tangibles.
El tiempo corre y el escaparate mundial ya está montado. La diferencia la marcará la capacidad de transformar estas coyunturas en políticas firmes y duraderas.

