La Democracia a la Carta en la UANL
Por: Los Teachers
En la Universidad Autónoma de Nuevo León, la democracia parece ser un concepto maleable, ajustado a conveniencia de quienes ostentan el poder. La reciente reelección del secretario General del Sindicato de Trabajadores de la UANL, ha dejado en claro que la voz de los trabajadores es un adorno más en la fachada de transparencia que la institución intenta vender.
El Sindicato de Trabajadores de la UANL ha alzado la voz con razón: no fueron consultados, no participaron en el proceso y, sin embargo, se les impuso una decisión tomada en las alturas del poder universitario. Si la comunidad académica se jacta de promover el pensamiento crítico y el debate abierto, ¿por qué no predica con el ejemplo en su propia administración?
El licenciado Leonardo Limón, en representación del sindicato, llevó su inconformidad ante el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, denunciando lo que a todas luces parece una violación estatutaria. Y es que, en una jugada que recuerda a las prácticas más añejas del autoritarismo, el estatuto fue modificado sin consulta previa a los trabajadores. ¿Para qué molestarse en preguntar cuando se puede decidir unilateralmente?
La Asamblea General, ese órgano supuestamente representativo, parece haberse convertido en un simple trámite burocrático. Los delegados sindicales, quienes deberían velar por los intereses de sus compañeros, emitieron su voto sin siquiera haber discutido el tema con sus respectivas secciones. Una burla a la estructura sindical y un recordatorio de que, en ciertos círculos, las reglas se acomodan según la necesidad del momento.
Es preocupante que en una institución educativa de renombre, donde se forman generaciones de profesionales, se perpetúe este tipo de prácticas. ¿Qué mensaje se les está enviando a los estudiantes? ¿Que la democracia es un espectáculo montado para la foto y no un derecho que debe ejercerse con convicción?
Si la UANL quiere seguir presumiendo su autonomía y su liderazgo educativo, más le vale aplicar esos principios dentro de sus propias filas. De lo contrario, seguirá siendo un ejemplo perfecto de cómo la democracia universitaria no es más que un guion escrito por unos cuantos y representado por quienes no tienen más opción que aplaudir.

